La dignidad, no debe perderse nunca, pero en los tiempos que corren, la dignidad ha bajado su perfil. Sin dudas todos tratamos de no perder la dignidad, pero convengamos que el límite entre lo digno y lo indigno últimamente se encuentra muy confuso y muy bajo, por ejemplo veo diariamente en la televisión muchos hombres que aseguran comportarse con mucha dignidad y en la realidad no paran de hurgar en las desgracias ajenas o en las indignidades ajenas, entonces tenemos a hombres y mujeres dando vueltas por cuanto programa de chismes que hay en la televisión, intentando limpiar su imagen o ensuciar la ajena, SEÑORES EL CHISME ES INDIGNO, ES MUY BAJO MOSTRAR A TODO EL MUNDO LAS DESGRACIAS AJENAS Y OPINAR Y DEBATIR SOBRE ELLAS, NADIE ES JUEZ MORAL DE NADIE.
También veo que se está perdiendo esa frase que tanto escuché de niño "... un trabajo digno..", lo veo cotidianamente en mi actividad laboral, para los más jóvenes (no para todos, pero sí para muchos) el trabajo es una pesada carga, que los condena y los abruma, ellos sienten que la libertad se les escapa, que no se debe trabajar para vivir que en otro lado está la salvación económica, nunca entenderán que el trabajo dignifica la mesa diaria, el pan de nuestras familias, ahí llegamos a una gran verdad de la nueva realidad, el asistencialismo está matando al ansia de trabajar, estos jóvenes vieron como hace muchos años, sus padres conseguían dinero (si conseguían) sin trabajar, sólo por cortar una calle, por concurrir a un local partidario, por hacer una cola en un ministerio. Ese es un gran problema, al retorno de esas colas, de esos locales partidarios, no había un trabajo sino unas monedas, o una caja con alimentos, nos equivocamos el dinero tiene que llegar a los desposeídos como pago por un trabajo DIGNO, de esta manera desvirtuamos no sólo el trabajo sino también, la asistencia social, la protesta piquetera ( que en los 90 era tan necesaria y tan valedera) desvirtuamos un circuito que antes tenía por fin dignificar al hombre y ahora lo desvirtúa como componente social, lo lleva a un punto sin retorno y a una costumbre poco digna que es vivir sin trabajar.
El padre Farinello comenta siempre que en los barrios de emergencia de su parroquia, las nuevas casillas se construyen sin comedor, para abaratar costos ya que la familia come en los comedores comunitarios instalados en los mismos barrios. Yo recuerdo que mi padre trabajaba muchas horas en la fábrica Morsella (en Lugano, capital) y cuando llegaba a la tarde compartía unos mates y luego dormía una muy pero muy merecida siesta, entonces el momento de reunión familiar diario era en la cena, en la mesa de la cocina ( no teníamos comedor) ahí conocía yo los sueños, broncas y las anécdotas diarias de mi padre y de mi madre, entonces pienso en los chicos de esos barrios de casas sin comedor y sin cocina ( yo he recorrido algunas casillas, y he hablado con algunos chicos que conocen muchas casas sin comedor y sin cocina) esos chicos no conocen a sus padres, son como huérfanos virtuales, sin sueños, sin broncas y sin anécdotas familiares.
Hoy queridos, pedir limosna es un trabajo, siempre en negro, pero trabajo cuando veamos a alguien pidiendo demos algo, lo que podamos, pero tratemos de cambiar este sistema perverso de asistencialismo y forcemos a este y a todos los gobiernos que vengan a que en vez de plata den TRABAJO.
Nos estamos viendo.
Gracias.
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